Las tres “ángeles” de la Cruz Roja

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Doña Ileana Bonilla, una mujer de Caguas de 75 años de edad, comenzó a llorar incontrolablemente después de recibir ayuda de la Cruz Roja. Entre los sollozos pudo contarle su historia de huracanes a la voluntaria Frieda Stubbe.

Cuando empezó a escuchar los agudos "ladridos de lobo" del huracán, Doña Ileana, que vive sola, se encerró aterrorizada en su baño y comenzó a gritar y gritar durante toda la noche, tratando de gritar más fuerte que el viento para así no escucharlo. En la mañana, extenuada y demasiado débil, se desplomó de cansancio. Estaba poseída por un miedo que no la ha abandonado desde entonces.

Mientras la señora lloraba sin control, Frieda practicó con ella un pequeño curso de respiración. Iris Medero, otra voluntaria del grupo, se acercó para ver qué pasaba y al escuchar la triste historia, le dio un fuerte abrazo a la señora. Sintió que necesitaba consuelo y compañía.

En ese momento, apareció una tercera voluntaria quien se unió al grupo. Mientras esta nueva voluntaria le tomaba sus manos, Doña Ileana reconoció a esta voluntaria quien era Melina León. Por unos instantes, la sorpresa le encendió su rostro. Melina le pidió que le cantara uno de sus himnos preferidos y las tres voluntarias escucharon con respeto.

Mientras se despedía, Doña Ileana les tiraba besos y más besos mientras repetía una y otra vez: "Ustedes son mis tres ángeles!"