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Reconstruyendo Sueños Rotos Después del Terremoto de Napa

  • Maria and Grandson
    María y su nieto Emiliano en su casa de Napa, California.
  • Maria
    Maria en su sala, junto a su nuevo televisor.
¡El terremoto no pudo con nosotros. Estamos vivos!

Cuando un fuerte sismo de magnitud 6,0 sacudió la vida de María Abigail de Haro, lo primero que la señora pensó es que un vehículo se había estrellado contra su casa. Su hijo Heriberto, que dormía en la otra habitación, le avisó que se trataba de un terremoto y que debían seguir el plan para emergencias.

Como tantos residentes de Napa, María y Heriberto acudieron al refugio de la Cruz Roja Americana, localizado en la iglesia Crosswalk Community Church - uno de dos centros de evacuación que se abrieron esa mañana.

Una noche tuve la fortuna de compartir la mesa de comer con Heriberto – yo llevaba mi chaleco que me identificaba como voluntario de la Cruz Roja, y al vernos María se acercó y se sentó con nosotros; su rostro mostraba profundas arrugas, un reflejo de dignidad y abundante sabiduría obtenida por años de arduo trabajo, las alegrías e inevitables preocupaciones que nos da la vida.

"¿Puedo hacerle una pequeña pregunta?" - dijo María.

¡Por supuesto! – conteste sonriendo.

"¿La Cruz Roja ayuda en reemplazar televisores rotos?", Preguntó con mucha suavidad.

Mi corazón se hundió, porque la ayuda que brinda la Cruz Roja consiste en satisfacer sus necesidades inmediatas – lo elemental para que una persona pueda subsistir inmediatamente después de un desastre: Albergue, alimento, agua, servicios básicos de enfermería, medicinas, apoyo emocional, información y guía para emprender el camino de recuperación.

María acababa de pasar por una experiencia traumática, y yo no quería darle preocupaciones. Para ella, el aparato representaba sacrificios y arduo trabajo. Por mucho tiempo, y con una dedicación admirable, esta humilde madre lavó la ropa y cuidó con amor los niños de sus vecinos, llenando poco a poco una alcancía que a fin de cuentas, no fue suficiente para alcanzar su sueño – comprar un televisor para su hijo.

Sin embargo, esta era una meta que María estaba determinada a cumplir. "Tuve una niñez muy pobre, y tener nuestro propio televisor era algo con lo cual soñaba desde siempre", dijo.

Con esa determinación que le caracteriza, María lavó más ropa y cuidó más niños, y al cabo de un tiempo, logró comprar el anhelado televisor. Un logro que le arrebató el terremoto.

María pausó, y mirando a su hijo recordó su llegada a los Estados Unidos, país donde encontró oportunidades, alegrías y tristezas que hoy le sirven como fuente de fortaleza – “Aquí vino al mundo mi hijo, y con mucho sacrificio compre nuestra primera casa” dijo sonriendo.

Al cabo de unos segundos, elevo su rostro y con mucho brillo dijo: “¡El terremoto no pudo con nosotros. Estamos vivos!" – mi pecho se llenó de una emoción indescriptible.

Al ver ese bello espíritu, le dije que no estaban solos, que voluntarios de la Cruz Roja - como yo, le brindaríamos ese lugar seguro para recuperar fuerzas, alimento, agua, y el apoyo emocional que le ayudaría a ella y a su hijo a levantarse otra vez.

Con aquella dulce sonrisa y humildad que me derretía el corazón, María dijo estar muy agradecida por la ayuda que hoy le brindaba la Cruz Roja, añadiendo que tanta generosidad era causa de motivación y esperanza para reconstruir su hogar - ¡y comprar otro televisor!

Bárbara Caldwell contribuyó a esta historia.

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