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Soy Latina y para mí no hay barreras


Cruz Roja Americana

Jueves, Septiembre 20, 2012

Mi nombre es Antonia Camacho, fundadora del programa Mami y Yo. Un día, después de haberme reunido con algunos miembros de mi grupo de trabajo decidimos ir a almorzar junto con mi madre y mi hija. Llegamos al restaurante ubicado en Greenville, en Carolina del Sur.

Como era la hora del almuerzo, el restaurante se encontraba lleno y por lo tanto encontramos una mesa disponible en el salón de conferencias que estaba justo al lado de otra mesa ocupada por un grupo grande de personas. En mi mesa, todos nos encontrábamos tranquilos conversando cuando de repente yo escuché que alguien de la mesa de al lado tosía con mucha fuerza. Me volteé para ver lo que sucedía y me di cuenta que una mujer del grupo de la otra mesa se estaba asfixiando con un trozo de comida. Las otras personas no sabían qué hacer y solamente gritaban que ella se estaba asfixiando. De inmediato decidí tomar acción y ayudarla. Primero la ubiqué contra una pared ya que era muy alta y de consistencia gruesa comparada con mi peso y estatura. Luego presioné mis manos en el medio de su esternón pero eso no ayudó. Entonces decidí colocar mis brazos alrededor de su cintura y comencé a hacer presiones en su estómago como me habían enseñado en mi clase de RCP en la Cruz Roja. De repente alguien dice que ella está ¡embarazada! y la mujer a este punto ya ha parado de respirar. Yo entré en shock en ese preciso instante pensando en que le podía haber hecho daño al bebé, pero inmediatamente recordé que la manera en la que estaba aplicando presión era en la parte superior de su cuerpo y no donde el bebe estaba ubicado. Una persona trato de darme valor y me dijo “no te preocupes que nada le va a pasar al bebé”. Esas palabras fueron casi mágicas porque rápidamente vino otra persona a ayudarme a darle golpes en la espalda a la mujer mientras yo seguía aplicando presión en su estómago. Finalmente, la mujer embarazada volvió en sí, tosió y arrojó un trozo de piña de su boca.

Una vez recuperada, le pedí a la mesera que le diera un vaso con agua. Después de sentirse un poco mejor, la mujer decide irse al hospital a hacerse un chequeo de control. Su esposo volvió al restaurante únicamente a darme las gracias por haberle salvado la vida a su esposa y a su futuro bebé. Me bendijo, me dio un beso, un abrazo y se marchó. Para mí esa fue la mejor recompensa ya que estos gestos son muy comunes en la cultura Latina pero no en la Anglosajona. Hoy en día me siento orgullosa por haber salvado dos vidas y entendí que ni el peso ni el tamaño y ni siquiera el lenguaje son barreras para ayudar a otras personas en situaciones de emergencia. He tomado clases con la Cruz Roja por 11 años consecutivos y esta fue la primera vez que puse en práctica lo aprendido.

Yo invito a todos los Latinos a que se entrenen en Resucitación Cardio-Pulmonar con la Cruz Roja. Nunca sabrás cuando estarás en una emergencia como esta. Personalmente, siempre que salgo de mi casa pienso que si algo llegara a pasar, por lo menos estoy preparada para responder y ayudar. ¿Y tú estás preparado?