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Terremoto en México: Ayuda y compasión en una escuela derrumbada

  • Mexico Earthquake
    Gabriela Estrada brindó atención médica en una escuela derrumbada el día que golpeó un terremoto en las afueras de la Ciudad de México. “Usé toda la capacitación que me dieron”, recuerda la EMT, que lleva dos años con la Cruz Roja.
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    Una sección del Colegio Enrique Rébsamen se desplomó totalmente cuando azotó un terremoto de magnitud 7.1 en septiembre de 2017. Entre aquellos que ayudaron a excavar entre los escombros y cuidar de los niños se encontraron vecinos, policías, maestros y
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    Rubén Rodríguez recuerda el día en que golpeó el terremoto: “Fue lo peor que viví en mi vida, pero ese día también supe que tenía un propósito. Para esto entrené y me sumé a la Cruz Roja”.
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    Miembros de la Cruz Roja evalúan la escena en una escuela derrumbada cinco meses después del terremoto.
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    Parte de la escuela en la Ciudad de México sigue en pie, a pesar del daño. Este aula quedó en ruinas cuando los estudiantes huyeron de la sacudida.
Ese día fue desesperante. La ciudad se vino abajo

Cuando Gabriela recibió órdenes de conducir hasta una escuela primaria el día que un terremoto de magnitud 7.1 golpeó en las afueras de la Ciudad de México, una sola cosa se le vino a la mente. “Mi primer pensamiento fue: los niños”, recuerda la Técnica en Urgencias Médicas (y madre).

Ella y sus compañeros de equipo de la Cruz Roja se apuraron para llegar a la escena en una ambulancia y buscar sobrevivientes en los restos de la escuela derrumbada. El pequeño de preescolar que recibió atención médica de ella sobrevivió. Los padres del niño observaron horrorizados mientras Gabriela ayudaba a salvarle la vida.

La escena en el Colegio Enrique Rébsamen se vio repetida en toda la Ciudad de México: edificios desplomados, personas atrapadas, más personas heridas.

“Ese día fue desesperante. La ciudad se vino abajo”, dice Gabriela.

Pero incluso mientras se desataba el caos, los vecinos y miembros del equipo de respuesta a emergencias mantuvieron la calma bajo presión. Una y otra vez, los miembros de la comunidad local se ayudaron mutuamente excavando entre los escombros, abriendo sus hogares y ofreciendo gestos amables.

El personal y los voluntarios de la Cruz Roja no fueron excepción a la regla: ayudaron a salvar vidas incluso mientras sus propias casas y familias sufrían pérdidas.

Más de 7,000 trabajadores de la Cruz Roja se movilizaron para responder al terremoto en Puebla, Morelos y el área de la Ciudad de México. Ayudaron a encontrar y atender a sobrevivientes atrapados debajo de los escombros, brindaron primeros auxilios en la escena, transportaron a los heridos a hospitales, evacuaron a personas de edificios dañados y satisficieron las necesidades urgentes de las familias con alimentos, agua y consuelo.

“Fue un día interminable. Se hizo una semana”.

Cuando golpeó el terremoto, el miembro del personal de la Cruz Roja Rubén Rodríguez se fue a casa para ver cómo estaba su familia. Asegurado de que estaban a salvo, Rubén se preparó para ayudar con las tareas de búsqueda y rescate. Su hijo de 3 años lo detuvo y le preguntó si él también podía ayudar. Por supuesto, su hijo se quedó en casa, pero el gesto conmovió mucho a Rubén, que sabía que lo esperaban días muy difíciles.

Rubén, Gabriela y muchos miembros del equipo de primera respuesta trabajaron día y noche para ayudar a otras personas. “Fue un día interminable. Se hizo una semana”, recuerda Gabriela.

Mientras brindaba atención médica en una escuela derrumbada, su familia ni siquiera sabía si estaba segura. Las líneas telefónicas estaban colapsadas, y comunicarse con alguien en la ciudad era un desafío. En el segundo día, Gabriela finalmente pudo comunicarse. Su familia estaba en pánico, pero orgullosa de escuchar que estaba usando sus habilidades para ayudar a su propia comunidad tras el terremoto.

Otro miembro del equipo de primera respuesta en la escuela no podía ni contarle a su familia lo que había presenciado ese día. “Tenía el uniforme hecho una mugre, pero no podía describir los horrores de la escuela”, comenta. Ayudó a rescatar niños, algunos de tres y cuatro años, de la estructura colapsada.

A Gabriela se le llenan los ojos de lágrimas cuando habla sobre su trabajo allí, y está convencida de que, ese día, hizo uso de todas y cada una de las habilidades que aprendió de la Cruz Roja. “Usé toda la capacitación que me dieron”, recuerda.

Si bien el recuerdo de ese día es doloroso, Gabriela tiene esperanzas para su ciudad, y se enorgullece de ella. “En la Ciudad de México aprendimos a ser unidos. Estamos enalteciendo la ciudad todos juntos”.

Para Rubén, esa mañana de septiembre le recuerda la misión de su vida, y nos cuenta: “Fue lo peor que viví en mi vida, pero ese día también supe que tenía un propósito. Para esto entrené y me sumé a la Cruz Roja”.

La Cruz Roja Americana ayuda a sus vecinos tras la tragedia

Hasta ahora, la Cruz Roja Americana ha aportado $3.55 millones para brindar apoyo a las tareas de alivio del terremoto en México. Estos fondos se han destinado a la compra de equipos de cocina y catres, y a brindar apoyo al trabajo de los voluntarios de la Cruz Roja Mexicana para brindar alimentos, agua, refugio, asistencia médica, refugio temporario, apoyo psicosocial, artículos de higiene personal, kits de limpieza del hogar, frazadas, colchones, estufas y más. La Cruz Roja Americana continúa trabajando con la Cruz Roja Mexicana para brindar apoyo a actividades de recuperación a más largo plazo con los fondos adicionales recolectados.

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