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Puerto Rico: La Cruz Roja está ayudando a la población anciana vulnerable

Ernesto

Ernesto Velasquez Perez, 76, de Daguao, Naguabo, en Puerto Rico, le ha contado recientemente al Equipo de Reunificación de la Cruz Roja cuán difícil ha sido vivir desde que los huracanes azotaron la isla.

¿Qué opción tengo? Solo tienes que seguir adelante lo mejor que puedas

Viernes 3 de noviembre de 2017 — Ernesto Velasquez Perez, 76, de Daguao, Naguabo, es uno de los muchos ancianos de Puerto Rico que son instados por sus hijos en los Estados Unidos a abandonar el territorio de la isla para ir a la parte continental.

"Espero que nos llegue ayuda porque no me quiero ir. Quiero morir aquí en Puerto Rico", reflexiona Pérez ante los trabajadores de la Cruz Roja que están parados en su porche. Ernesto cree que, si deja la isla, nunca volverá. "¿Qué opción tengo? Solo tienes que seguir adelante lo mejor que puedas", afirmó.

Casi uno de cada cinco residentes de la isla tiene más de 65 años. Con la edad, surgen los problemas médicos y los desafíos de movilidad. Cuando los huracanes Irma y María produjeron un doble impacto en Puerto Rico, los efectos de la escasez de agua, electricidad, acceso a servicios médicos, aislamiento y otros elementos afectaron con más fuerza a la población anciana.

"No he hablado con mi hija en Florida desde antes de la tormenta", admitió Pérez en respuesta a las preguntas de los trabajadores de la Cruz Roja. Su teléfono celular no funciona desde que el huracán María lo mojó. Sin ningún servicio celular en el área, no podría llamarla de todos modos. Los trabajadores de la Cruz Roja buscaron un cargador en el automóvil y enchufaron su teléfono. En un minuto, se iluminó.

Un voluntario de la Cruz Roja le dio un cargador manual y le enseñó a usarlo. "Es similar a la forma en que, antiguamente, se molía el café", bromeó Ángel Ramos, de 62 años, voluntario de la Cruz Roja de Puerto Rico y veterano de las guerras en Vietnam e Irak. "El ejercicio le hará bien y le levantará el ánimo", le dijo Angel y añadió que el cargador puede cargar por completo el teléfono en, aproximadamente, media hora.

El equipo que visita a Ernesto es un equipo de reunificación de la Cruz Roja. Los equipos de reunificación de la Cruz Roja han estado explorando la isla en busca de los familiares de casi 1,500 personas que llamaron a la Cruz Roja para decir que no podían ponerse en contacto con sus seres queridos. Muchas de estas denominadas "consultas de bienestar de emergencia" vinieron de adultos en la parte continental de los EE. UU. que no podían contactar a sus padres ancianos.

Sabiendo cuán importante es esa conexión personal, el equipo ofreció enviarle a la hija de Ernesto en Florida una foto suya con un mensaje para ella. Le dieron un bolígrafo y una pizarra, y él le pidió a uno de los voluntarios que escribiera por él.

El anciano dictó "querida Yamilka, estoy vivo" y se echó a llorar. El voluntario de la Cruz Roja luego anotó el resto del mensaje y tomó una foto de Pérez sosteniendo la pizarra para enviársela a su hija.

El equipo de la Cruz Roja reconoció señales de estrés prolongado en el hombre y lo alentó a que les cuente más sobre su experiencia durante la tormenta y sobre su vida.

Ernesto vive en un garaje abierto que usaba de taller cuando trabajaba como pintor y soldador de automóviles. Antes de eso, era pescador. Las escaleras que conducen a su sala de estar son empinadas y se queja de sus "dolores de piernas". La madera recuperada del último piso de su casa está amontonada en el porche y una escalera se apoya contra el techo. Sin el segundo piso, el agua de lluvia se filtra en cada habitación de la casa. Tres habitaciones y el baño son completamente inhabitables, con moho en los techos, muebles y agua estancada en el piso.

"Cuando era niño, dormía en una hamaca —afirmó entrando a la sala de estar— y ahora estoy durmiendo en una hamaca otra vez". Los baldes, los refrigeradores abiertos y las ollas esparcidas en el piso atrapan el agua que gotea del techo cuando llueve. "Tengo que seguir moviendo la hamaca cuando llueve porque las filtraciones me persiguen". El agua gotea en su estufa también, pero al menos es una estufa de propano para que pueda cocinar a pesar de estar sin electricidad. Su iglesia le ha traído agua y comida.

Pérez le dijo al equipo de la Cruz Roja que la farmacia solo le dará un suministro de tres días de su medicamento cardíaco debido a la escasez. El frasco de píldoras descansa sobre la mesa vacía. Está reutilizando jeringas de insulina, aunque pudo obtener un frasco lleno de insulina. El equipo le aseguró a Ernesto que enviarán algunas enfermeras de la Cruz Roja para que lo revisen.

Ernesto tiene una lona, pero no puede subir por la escalera al techo para colocarla. Sin embargo, primero se deben limpiar los escombros. El equipo de la Cruz Roja refirió su caso a los colocadores de techos de Southern Baptist que están trabajando en Naguabo, con la esperanza de que nuestros colaboradores de confianza en respuesta ante desastres puedan ayudar a Ernesto a permanecer en su casa como lo desea.

Cómo puede ayudar

La historia de Ernesto es solo un ejemplo de cuán difícil es la vida para muchas personas de Puerto Rico. La Cruz Roja Americana está en el lugar respondiendo a esta devastadora tormenta y necesita donaciones financieras para poder brindar asistencia inmediata ante desastres a los afectados. Ayude a las personas afectadas por el Huracán Maria visitando cruzrojaamericana.org, llamando al 1-800-RED CROSS o enviando un mensaje de texto con la palabra MARIA al 90999 para hacer una donación de $10. Las donaciones le permiten a la Cruz Roja Americana prepararse para este desastre, responder y ayudar a las personas a recuperarse.

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