Iris Medero y Eloy Martínez son voluntarios del departamento de Comunicaciones.
Redactado por la voluntaria Julianne Santiago
Iris Leticia Medero Rosario y Eloy Martínez Martínez comparten una amistad que nació entre cámaras, textos, artes y muchas horas de voluntariado. Lo que comenzó como una colaboración de trabajo en la Cruz Roja Americana Capítulo de Puerto Rico, terminó convirtiéndose en una relación de confianza, apoyo y hermandad que refleja el verdadero espíritu del voluntariado.
Iris lleva nueve años como voluntaria de la Cruz Roja. Estudió periodismo y comenzó su carrera en la organización tras el paso del huracán María en el área de Comunicaciones. Hoy trabaja de forma independiente, pero continúa su apoyo con la misma entrega al departamento, donde ha hecho de todo un poco: redes sociales, redacción, fotografías, videos y creación de contenido. “Siempre lo hago con amor y mucho gusto”, afirma la carolinense.
Por otro lado, Eloy, quien es diseñador gráfico digital, ha sido voluntario por los pasados siete años. Desde su ingreso, ha aportado en el área de Comunicaciones como voluntario de redes sociales o Social Engagement Volunteer. Su rol, asegura, se adapta a las necesidades del momento: “Donde me necesiten, ahí estoy para dar la mano”.
Su amistad surgió de una manera muy particular. Iris recuerda que todo comenzó cuando le asignaron darle la bienvenida a Eloy y presentarle el Departamento de Comunicaciones. En medio de esa primera interacción, él le lanzó una pregunta inesperada sobre Bad Bunny, lo que rompió el hielo de inmediato. Luego descubrieron que vivían cerca y que incluso habían estudiado en las mismas escuelas. Desde entonces, hicieron clic.
Eloy cuenta esa misma historia con una sonrisa: estaban en un momento de búsqueda de trabajo y ambos fueron seleccionados para trabajar contenido en redes sociales; ella desde el copywriting o redacción de textos y él, desde el diseño visual. “Más que una amistad, nos hemos vuelto como hermanitos”, afirmó Eloy. Para ambos, esa conexión fue natural, pero también profunda.
Ambos coinciden que la amistad es mucho más que pasarla bien. Iris la define como una forma de expresar admiración, cariño, respeto y compromiso. “Es tener a alguien con quien reír, llorar y participar en múltiples actividades mutuamente. Es como tener a un aliado que te brinda hasta un empujón para seguir hacia delante”, dice. Mientras, Eloy la ve como una responsabilidad: estar presente, ser honesto y apoyar cuando realmente importa.
Esa amistad también ha sido clave en su trabajo voluntario. Iris recuerda con humor una vez que Eloy no la acompañó a un evento de instalación de alarmas de humo y tuvo que atender la situación sola en Humacao. Pero también habla de un momento en el que ambos se apoyaron durante un en vivo en el Distrito T-Mobile y entre los dos lograron sacar adelante la tarea. “Simultáneamente los dos trabajamos en equipo y nos apoyamos”, añadió Iris.
Eloy también recuerda cómo Iris fue su guía en sus primeras experiencias en un desastre mayor como lo fueron los terremotos del suroeste en 2020. Ella le ayudó a entender cómo moverse, priorizar tareas y adaptarse al ritmo del equipo. “Siempre sé que puedo contar con su apoyo cuando surge alguna duda o situación inesperada”, expresó este residente de San Juan.
Más allá de las anécdotas, ambos coinciden en que el voluntariado cobra un significado especial cuando hay vínculos humanos genuinos. Iris lo resume así: “Ser amigo de alguien es saber entender y apoyar al otro hasta cuando se dejan de ver por semanas”. Eloy añade que estas experiencias refuerzan el valor del servicio, porque no solo se trata de ayudar, sino de construir conexiones que fortalecen el compromiso.